Inteligencia

Una respuesta estoica al enojo

Escrito por Franco Rodriguez

Algo puede suceder que te molesta. Alguien puede ser grosero, tu coche se puede averiar, un empleado podría estropear algo a pesar de sus instrucciones muy cuidadosas. Tu instinto puede ser gritar y enojarte. Es natural.

Pero sólo porque es “natural” no significa que sea una buena idea. Gritar podría hacerte sentir mejor por un segundo, pero ¿resuelve realmente el problema? Por supuesto no.

Argumentar con una persona grosera sólo ofrece más oportunidades de ser grosero. El enojarse por el coche averiado no ayuda a nadie, sólo levanta su presión arterial. ¿Le gritó a su empleado? Ahora bien, tendrá más probabilidades de volver a estropear algo en el futuro, porque está nervioso y está preocupado.

Sus sentimientos son elecciones: Usted elige la ira por la calma; Usted elige el miedo sobre el valor; Usted elige la miseria sobre la alegría. ¿Qué opción es más productiva? ¿Qué castiga al que elige y que castiga la circunstancia? Recuerde, las circunstancias no cambian como resultado de lo enojado que usted sigue en ellas. Porque las circunstancias no son personas.

Deje de perder su tiempo (o aliento) enojarse con cosas que están totalmente fuera de su control. Pensar en objetos inanimados o situaciones o entidades no va a cambiar nada. Es como decir tomar veneno y esperar que la otra persona muera.

No está ayudando nada. De hecho, la ira sólo empeora las cosas.

Cada situación es mejor con una cabeza fría. Incluso las personas que saben que la ira es una herramienta poderosa y eficaz le dirán que hay una gran diferencia entre expresar deliberadamente sus frustraciones (argumentar, motivar a alguien, defenderse) y descontrolarse. Sin la capacidad de reconocer y dirigir sus emociones, usted se convierte en un esclavo de ellas.

Acerca de

Franco Rodriguez

Graduado de Psicología. Seguidor de los últimos tratamientos e investigación para trastornos y desordenes.

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